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Crónica de inundaciones anunciadas: Los riesgos de lluvias extremas en Yucatán se conocían

Las políticas públicas de desarrollo urbano han hecho caso omiso de la información científica al respecto

Por Veinteveinte

Las imágenes y los reportes en Mérida, capital de Yucatán, y otras partes de este estado fueron evidentes: casas inundadas, calles intransitables, enseres y mobiliario doméstico arruinados, esfuerzos institucionales de drenar toneladas métricas de agua, e incluso la tragedia de una muerte por descarga eléctrica.

La temporada de ciclones 2020 en la zona del Atlántico Norte, Golfo de México y el Caribe evidenció lo que estudios científicos han advertido sobre el riesgo sobre el riesgo de inundaciones y encharcamientos severos, que explican lo vivido este año en el norte y poniente de Mérida, además del oriente y sur de Yucatán.

Si bien la formación y llegada de depresiones y tormentas tropicales o huracanes -todos fenómenos ciclónicos- durante este año fue “atípica” y de una mayor intensidad de acuerdo con los registros históricos al respecto, lo que ocurrió está lejos de ser solamente una cuestión de condiciones inesperadas.

Los riesgos ya se conocían

Desde hace más de 30 años existe información explícita sobre las condiciones del suelo en la entidad tanto durante la temporada de estiaje -reducción del cauce de los cuerpos de agua superficiales o subterráneos- como durante la de precipitaciones y sus consecuencias posibles en un entorno como el regional.

Lejos de estar reservada, esa información es completamente pública y forma parte de acervos que pudieron y pueden usarse para la definición de políticas públicas relativas a la infraestructura urbana, cuya vulnerabilidad ya se puso de manifiesto con las recientes inundaciones en fraccionamientos y comisarías de Mérida, al igual que en las zonas oriente y sur del territorio estatal.

En 2015, el investigador Darío del Ángel Cauich Kau describió una correlación entre los eventos de lluvia -precipitación pluvial- y la elevación de los niveles de agua del manto freático, es decir los cuerpos de agua que se encuentran en forma subterránea a poca profundidad.

Los datos forman parte de la tesis “Evaluación de la calidad del agua subterránea de Mérida y su impacto en la zona costera de Yucatán” que presentó para obtener la Maestría en Tecnología y Gestión del Agua por la Facultad de Ingeniería de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

De acuerdo con el documento, el especialista encontró que hay un aumento muy variable en la elevación del manto freático: si la precipitación ocurre en temporada de estiaje, la elevación tiene un ligero cambio, pero si ocurre en la temporada de huracanes la elevación alcanza hasta los dos metros, debido a que la zona vadosa está saturada.

Además, el estudio incluye una serie de recapitulaciones sobre investigaciones anteriores que se remontan a la década de los 80 en las cuales se señalan las condiciones del suelo peninsular y los riesgos tanto de sobresaturación de los cuerpos de agua subterránea como de su contaminación.

Ejemplo de ello es su análisis del estudio “La conformación territorial de Yucatán”, de 1988, realiza por Jorge Duchen, bajo el auspicio de la Universidad Autónoma de Chapingo. Duchen destaca la complejidad del subsuelo de la Península de Yucatán en la cual “no hay curso de aguas superficiales, pues las lluvias saturan el terreno, colmatan el bajo relieve y se infiltran en el subsuelo”.

En la investigación, Cauich Kau expone incluso la diferencia entre el nivel de saturación del manto freático entre las zona sur y norte de Mérida, destacándose un incremento mayor en esta última de acuerdo con mediciones hechas por el observatorio del Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY) durante el periodo de su investigación, entre 2014 y 2015.

Esos datos permiten comprender el impacto que lluvias extremas como las que ocurrieron este año 2020 ocasionan y podrían seguir ocasionando en los desarrollos inmobiliarios y fraccionamientos, así como comisarías del norte de Mérida.

Apenas tres años después, en 2018, investigadores de Yucatán y la Ciudad de México advirtieron en un artículo científico que durante eventos climáticos extremos como los huracanes, las variaciones en los niveles del agua ponen en riesgo la infraestructura urbana y en particular aquella que “requiere excavaciones profundas, que contempla la base del piso terminado cercano al manto freático”… como los estacionamientos subterráneos o pasos a desnivel inferiores.

En el estudio, encabezado por Carlos Enrique Zetina Moguel, investigador de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Autónoma de Yucatán, publicado en la revista académica de esta institución se explica en el área metropolitana la altura promedio del terreno es de apenas nueve metros sobre el nivel del mar.

En la investigación titulada Modelación estocástica del nivel freático en pozos de Mérida se analizaron las cargas hidráulicas máximas en pozos del área, durante un periodo de 1982 a 2014, a partir del cual se obtuvieron proyecciones para 25, 50 y 75 años, que arrojaron crecimientos en el nivel del agua de 3.13, 3.63 y 3.94 metros, respectivamente, lo cual puso de manifiesto el riesgo que corre Mérida por las inundaciones, ya que la infraestructura subterránea era de sólo 4.8 a 7 metros.

La investigación tuvo como origen la observación de que en los últimos años se incrementó la   construcción de la infraestructura urbana subterránea, y dada su proximidad al nivel freático “existe el riesgo que ocurra un ascenso extraordinario del nivel freático… provocando anegamiento en ellos”.

Una vez más, la temporada ciclónica confirmó las advertencias expuestas hace dos años y que podrían haber sido consideradas dentro de los planes, programas y políticas públicas de las administraciones tanto estatal como municipal, no solo de este último periodo sino de anteriores al tomar en cuenta que las mediciones utilizadas en la investigación se remontan a la década de los 80.

Frente a las condiciones vividas este año durante la temporada ciclónica y con base en las condiciones de riesgo que implica el cambio climático a nivel global, y por ende regional, Yucatán requiere de contar con políticas públicas que consideren los efectos que los fenómenos hidrometeorológicos pueden tener sobre la región y quienes la habitan.

Pero Yucatán carece hasta hoy de una ley sobre cambio climático

Las primeras referencias al tema se recogen en el Plan Estatal de Desarrollo 2007-2012, con tan sólo una línea estratégica:

En  junio  de 2010 se creó la Comisión Intersecretarial de Cambio Climático de Yucatán, con el fin de “coordinar las acciones de las diferentes dependencias y entidades públicas del Estado en relación con los temas de mitigación y la adaptación al cambio climático”, y en diciembre de ese mismo año se creó la Comisión de Cambio Climático de la Península de Yucatán entre los gobiernos de Campeche, Quintana Roo y Yucatán, para establecer una  “Estrategia Regional de Adaptación al    Cambio Climático” y la creación de un Fondo para la Acción Climática de la Península de Yucatán.

En la estrategia planteada sólo se estableció “identificar”, “determinar” y “evaluar” las vulnerabilidades y opciones de adaptación, es decir, no implicó la aplicación de los hallazgos científicos ya existentes a las políticas públicas de los gobiernos de los estados.

En el Plan Estatal de Desarrollo de Yucatán 2012-2018, en el capítulo relativo al medio ambiente, se propusieron tres objetivos, entre ellos, el de “reducir la vulnerabilidad de los sectores productivos o sociales ante el impacto del cambio climático”.

También se plantea el objetivo de desarrollar un Programa Especial de Cambio Climático, mismo que se elaboró y fue publicado en abril de 2014. No hubo políticas concretas en el programa.

En la actual administración, el Plan Estatal de Desarrollo incluyó el eje “Yucatán verde y sustentable”, con el apartado “Acción  por  el clima”, con  el  objetivo de “Disminuir  la vulnerabilidad del estado ante los efectos del cambio  climático” y las estrategias de “Impulsar   medidas de adaptación y mitigación ante el cambio climático”, “Impulsar acciones que reduzcan   el impacto de los desastres naturales”, “Fomentar una economía baja en emisiones de carbono en Yucatán” y “Fomentar la gestión integral de la calidad del aire”.

Una revisión de las líneas de acción de esas expone que se observan medidas de promoción, educación y “culturización”, pero faltan medidas que trasciendan al actuar de la administración pública, como el establecimiento de leyes en la materia o reformas a otras como las de obras públicas y construcción de vivienda.

Y pese a que a finales de 2018 el gobernador Mauricio Vila Dosal anunció un financiamiento por 400 mil dólares (aproximadamente ocho millones de pesos) del gobierno de Noruega para la implementación de una serie de acciones y nuevos proyectos de la agenda ambiental de Yucatán, hasta el momento se desconoce de forma pública el destino de esos recursos.

Además, el actual Plan Estatal de Desarrollo 2018-2024 no proyecta un nuevo Programa Especial de Cambio Climático ni tampoco se ha ratificado el convenio con Campeche y Quintana Roo en la materia; incluso, el sitio electrónico de la Comisión de Cambio Climático de la Península de Yucatán se encuentra abandonado desde 2018.El tiempo corre y se carecen de medidas nacionales y locales   decididas en la materia.

Balance de la temporada de huracanes 2020

Como efecto del cambio climático, este 2020 registró 31 sucesos meteorológicos, que causaron daños en carreteras, caminos, cultivos, huertos, granjas, apiarios y viviendas, causados por tormentas y lluvias intensas.

En el corte de ciclones tropicales en el Océano Atlántico, Mar Caribe y Golfo de México, el periodo cierra con el récord histórico de 13 huracanes, seis de estos muy intensos, 17 tormentas tropicales y una depresión tropical para un total de 31 ciclones tropicales, siendo que el promedio histórico es de 12 ciclones tropicales al año.

La temporada arrancó con la inacción del Comité Estatal de Emergencia del Consejo de Protección Civil de Yucatán que, insólito, jamás activó el semáforo de emergencia con la llegada de “Cristóbal” cuyas consecuencias prácticamente tomaron por sorpresa a la población con un registro histórico de lluvias que afectó gravemente el sector rural y urbano de la entidad.

Este año afectaron directamente a Yucatán las tormentas tropicales “Amanda”, originada en el Océano Pacífico, así como “Cristóbal” y “Gamma”, y los huracanes “Delta” y “Zeta”.

El 3 de junio, Cristóbal tocó tierra en Campeche y en su lento recorrido sobre la península hacia el Golfo de México propició inundaciones y afectó severamente el campo yucateco. Para compensar su error de no activar el semáforo de alerta, el gobierno del Estado solicitó dos declaratorias de emergencia para 64 municipios por lluvia severa e inundación pluvial.

Por “Gamma” y “Delta” se activaron otros dos de estos mecanismos por afectaciones por lluvia severa, inundación pluvial y huracán para 34 municipios, y por “Zeta” y el frente frío número 9 se emitió por las mismas causas para ocho municipios.

La actividad registrada este año fue superior a los estándares promedios y al pronóstico de 13 a nueve ciclones con nombres expuestos el 1 de junio por el director del Centro Nacional de Huracanes de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos de América, Ken Graham.

En 2019 hubo cero alertas por la cercanía de ciclones mientras que en esta temporada se formaron ciclones tropicales a un ritmo jamás registrado, de tal forma que fueron utilizadas letras del alfabeto griego para denominarlos: la lista preasignada sólo llegó a 21 nombres. Además, esta temporada también fue peculiar en los pronósticos de trayectoria, pues fueron muy erráticos.

Más información sobre los estudios científicos

Modelación Estocástica del Nivel Freático en Pozos de la Ciudad de Mérida | Ingeniería Revista Académica de la Facultad de Ingeniería Universidad Autónoma de Yucatán

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