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domingo, marzo 7, 2021
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El problema con un túnel en Mérida para el Tren Maya no es el tipo de suelo, sino el agua que corre por debajo

La obra debe contemplar un estudio que sería complicado incluso para expertos

Por Luis R. Castrillón

Fotografía: Gran Parque La Plancha/www.facebook.com/granparquelaplancha

Lo complejo con la construcción de una vía subterránea para la entrada del Tren Maya a la ciudad de Mérida está lejos de ser la dureza o condiciones del tipo de suelo sobre el que se asienta, sino las corrientes de agua que se desplazan por debajo y que podrían generar problemas durante la temporada de lluvias en la zona.

El problema es que modelar o predecir cómo y qué direcciones se desplazarán las distintas corrientes de agua en el subsuelo que pudieran resultar interrumpidas o desviadas por las obras de construcción de un túnel de más de cuatro kilómetros no es cosa fácil.

De hecho, hasta la fecha se carece de estudios que puedan determinar con un alto grado de precisión cómo se desplaza flujo de agua bajo la ciudad cuando se lleva a cabo una obra que implica perforar o cavar, alcance o no el nivel del manto freático (agua en el subsuelo) en la zona.

Lo que sí se sabe es que en condiciones de lluvias intensas como las ocurridas en este 2020, el agua acumulada incrementa el nivel del acuífero y que este puede llegar a desbordarse y provocar problemas como las inundaciones que afectaron el área norte, poniente y periferia de la ciudad.

Lo que sabemos del agua bajo la capital yucateca

“Es muy poco”. Así lo señala directamente el investigador en Hidrogeología por la Universidad de Northwestern (Estados Unidos), Emiliano Monroy Ríos, cuando se refiere al trazado que siguen las corrientes de agua subterránea en Mérida.

Monroy Ríos ha sido uno de los investigadores que han insistido en que la obra del Tren Maya tiene que considerar en su planeación un conocimiento amplio del subsuelo de la Península de Yucatán bajo el cual no solamente se encuentran cuevas y cavernas huecas, sino otras inundadas, además de los cenotes que forman sistemas interconectados.

Si una parte de esos sistemas es afectada, los efectos pueden derivar hacia otras áreas, ya sea tanto por situaciones de contaminación como de incremento del manto freático debido a condiciones naturales como las lluvias, según explica en entrevista.

El problema en el caso de la región peninsular es que estudiar esos sistemas es más complejo porque no están a simple vista como en otras zonas donde existen ríos o sistemas lagunares en los que puede modelarse con mayor precisión hacia donde descargará, desbordará o se desplazará el flujo de agua a consecuencia de un fenómeno natural o de una obra de infraestructura.

“Tenemos una idea a nivel regional, de la plataforma de la Península de Yucatán que es resultado de diversos estudios que se han hecho en la zona y cómo fluye (el agua) de sur a norte”, expone.

En el anillo de cenotes (que va de poniente a oriente conectado por debajo del suelo yucateco) se han encontrado evidencias del flujo de agua hacia la costa: en el poniente hacia el municipio de Celestún y en el oriente con dirección a Dzilam, de acuerdo con los estudios que refiere.

Pero también existen otras corrientes, entre estas una que pasa por Mérida y fluye hacia el norte de la ciudad, y desde ahí continúa con dirección al municipio costero de Progreso y zonas cercanas.

Conocer estas rutas del acuífero ha sido posible, de acuerdo con lo que explica Monroy Ríos, a través de diferentes métodos como la modelación a partir de datos previos o con el uso de trazadores.

Los trazadores son elementos químicos no contaminantes, como tinturas pero que no son perceptibles a simple vista y que se liberan en algún punto específico de los flujos de agua para luego verificar si llegan a otras áreas llevados por la corriente en las que se calcula podría derivar esa corriente.

¿Es posible conocer mejor las corrientes bajo la ciudad?

Para el investigador plantear un estudio completo de las variaciones en la dirección y escurrimiento del agua en el subsuelo de Mérida es complicado.

Sobre todo, si se trata de una modelación menor, es decir, de una o más áreas determinadas, como sería el caso de la ruta que seguiría el túnel que conectaría las vías del Tren Maya desde la periferia de la ciudad con el centro de la misma.

“Una modelación confiable es muy difícil y todos los expertos los sabemos y lo hemos aceptado”, afirma Monroy Ríos.

Hacer la modelación en Mérida, advierte, para saber a dónde se mueve a qué velocidad y qué pasa si pongo esta barrera, si realizo una excavación aquí o en otra parte es complicado porque tendrían que hacer muchos estudios dentro de zonas específicas.

Considerando las inundaciones ocurridas en este año en Mérida, también derivadas de una cantidad de lluvias que superó registros históricos, el investigador señaló que son evidencia de cómo el agua puede encontrar diferentes cauces en el subsuelo y afectar en una zona u otra en la que antes no había ocurrido algún problema similar.

Si bien se sabe que el primer “espejo de agua” del manto freático se encuentra en promedio a 12 metros de profundidad, este año el promedio llegó por debajo de los seis metros y en algunas zonas se desbordó por la acumulación derivada de las lluvias torrenciales y constantes y porque tenía que salir por alguna parte. Lo que se desconocía con precisión hasta ahora es por dónde iba a fluir hacia la superficie o en qué zonas podrían ocurrir situaciones similares en el futuro.

¿Esto implica que el proyecto del túnel sea inviable?

“Suena fantasioso, pero es posible”, responde Monroy Ríos ante la complejidad de un proyecto como el que ya confirmó el 5 de diciembre de este 2020 el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) en una reunión con representantes de la iniciativa privada en Mérida.

Lo complicado y costoso es la realización que implicará, según explica el especialista, que si toda la obra será subterránea tendrán que hacerla a suficiente profundidad para no afectar la infraestructura urbana ya existente a lo largo de la ruta, ni tampoco el quehacer diario de quienes vivan en esa área.

Al planear una determinada profundidad, advierte, deben tomar en cuenta el promedio al que se encuentra el acuífero, pero que puede variar en distintos puntos a lo largo de la ruta.

De acuerdo con su explicación, eso implicaría que la obra deber considerar una estructura no solo firme y estable para el movimiento del tren o que evite un posible derrumbamiento de la capa de suelo por encima del túnel, sino también que deberá estar protegido de filtraciones o incluso posibles inundaciones.

Las condiciones del tipo de roca no son un obstáculo: “perforar en carbonatos (tipo de suelo en Yucatán) es sencillo, es una roca más suave en comparación de otras zonas, como el granito que debió atravesarse para construir el sistema Metro o el drenaje profundo en la Ciudad de México. No es complicado, se corta fácil”.

Pero, Monroy Ríos considera que si no se hacen los estudios necesarios sobre las corrientes del subsuelo de Mérida “se la van jugar a que el agua siga fluyendo por donde genere una corriente que encuentren” a lo largo de la obra.

Y aun cuando la construcción no alcance el manto freático, el margen sería muy corto con el nivel histórico del espejo de agua (los 12 metros): “si sube alcanzaría el túnel”.

El investigador reconoció que eso no es un problema, porque puede construirse con sistemas de bombeo y una estructura compacta que evite la entrada de agua.

El problema con eso, reitera, es que el agua que no entre al túnel seguirá fluyendo y encontrará otro camino.

Por eso la obra merece tomarse el tiempo necesario para hacer una planificación adecuada que considere no solo las condiciones del terreno y el tipo de suelo, sino de lo que respecta al flujo de agua subterránea.

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