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sábado, febrero 27, 2021
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Los tomates de Hunxectamán

Alejandro Moreno Peña

Es una de las decenas de víctimas yucatecas del COVID-19 que nunca contrajeron el virus. La saturación de los hospitales impidió la adecuada atención de una complicación de su salud y Carlos Fernández, conocido como el rey de las hortalizas en Hunxectamán, comisaría de Mérida, falleció hace cuatro meses.

Su viuda, Josefa Cauich Xool, de 65 años, ahora sabe que al tomate le gusta meter sus raíces entre las piedras porque tienen muchas vitaminas y es una planta que no le gusta el calor. Ahora, doña Chepa, como se le conoce utiliza más horas de las debidas un guante, necesario para cosechar pues la resina de las hojas del tomate raja la piel cuando se seca.

También sabe que el maíz requiere mucho trabajo y a veces no se gana nada, que el campo está en espera de apoyos gubernamentales que nunca llegan, que la semilla es muy cara. Es más, dice que es más redituable ser un jornalero y cobrar 240 pesos el día, pues mantener una producción agropecuaria resulta muy caro (en especial por el precio de los insumos) y si no se logra la cosecha te quedas sin nada.

Originaria de otra comisaría meridana, San Pedro Chimay, conoció a Carlos Fernández hace más de 45 años, con él se casó y tuvo ocho hijos, cinco varones y tres mujeres. Dos vástagos viven en Mérida, donde ejercen la contaduría y seis se dedican a la producción agrícola en Hunxextamán, pueblo ubicado a 30 minutos de Mérida saliendo por la calle 42-Sur.

Desde hace 40 años su esposo se dedicó a la agricultura. En ese tiempo rentaba las tierras o invernaderos en Sanahcat, Timucuy, Tekit o Acanceh, donde siempre daba trabajo a jornaleros de los diferentes pueblos para la producción de chile habanero, calabaza y pepino, entre otros productos.

Apoyado por sus hijos, el productor supo salir adelante sin ningún apoyo del gobierno, hasta que hace seis meses se enfermó; su salud se fue complicando porque los hospitales estaban saturados. Falleció hace cuatro meses.

“Ha sido un golpe muy duro para la familia, pero hay que seguir adelante. Él no regresará”, dice la entrevistada, con lágrimas.

“Mis hijos están contentos con lo que aprendieron de su padre. Todos venimos a trabajar, para ahorrar el pago de los jornales.

“Mi hijo David comercializa la cosecha en Mérida. Por la pandemia, mucha gente en el pueblo se quedó sin trabajo y desde entonces hemos aguantado una nómina de 20 jornaleros. Ahora obtenemos lo necesario para pagar jornales y comprar los insumos, pues el precio del tomate está muy bajo.

“En esta reactivación económica no nos permiten parar las camionetas en la calle 54 frente al mercado Lucas de Gálvez, así que ahora ofrecemos nuestra cosecha en el tianguis de la Casa del Pueblo o en la Central de Abasto.

“En el Mercado Grande te compran toda la carga pero lo tienes que dejar fiado. De lo contrario, la cosecha se remata y eso lo saben muy bien los intermediarios.

“Desafortunadamente el gobierno no apoya para nada, pero con los tiempos electorales ya mero se asoman los políticos para prometer, aunque luego no se vuelvan a parar en el pueblo.

Su hijo Luis interrumpe para aclarar que sí llegan al pueblo funcionarios y asesores técnicos gubernamentales: “Pero las veces que han venido es para engañar a la gente con proyectos de ayuda para invernaderos. Luego que recaban las firmas y obtienen las copias de las credenciales de elector no regresan”.

Narró el caso de una persona que compró una producción de chile habanero. Llevaron el producto hasta el aeropuerto y aquel se fue sin pagar los 120 mil pesos que valía la carga.

Pese a esos problemas, la familia Fernández Cauich nunca dejó de producir y generar empleos a jornaleros de varios poblados vecinos. A veces solicitan dinero en préstamo para comprar semillas e insumos, y lo devuelven poco a poco o con la ganancia de las colmenas.

El precio del tomate esta en 150 pesos la caja de 30 kilos de primera calidad, 100 pesos de segunda y 50 o 60 pesos el tomate para salsa. Todos los días producen 100 cajas pero es frecuente vender la mitad en Mérida y el resto en los poblados, aunque cueste más desplazar el producto.

“En 2020 el tomate se cotizaba entre 300 y 400 pesos la caja, pero superó los mil pesos cuando escaseó. El negocio del campo es muy difícil, desde que plantas la semilla sabes que tienes la mitad de las probabilidades de lograr la cosecha”.

Este año sembraron dos hectáreas en agosto. En los primeros días de 2021 empezaron a cosechar. El exceso de lluvias enfermó a las matas: de las 200 a 250 cajas de hortalizas que producían, este año se redujo a 100.

“Con la tormenta tropical Cristóbal, el sembradío de chile quedó bajo el agua. Carlos todavía vivía y lo lloró, después de tanto esfuerzo el cultivo de inundó.”

Nos despedimos de la familia y de un jornalero de 70 años, Santiago Hernández Euán, quien nació en esa finca donde viven 55 familias (unas 220 personas). Hunxectamán trabajó el henequén hasta que se acabó; desde hace 20 años Santiago labora con la familia Fernández.

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